CÁTEDRA BLANCA “ISLOTES DE FANTASÍA: PLAYGROUNDS DE HORMIGÓN BLANCO” // ¡Un Palo!

 

Arquitectos: Luis Cifo, Jose Antonio Antón, Victor Sanchez l Localización: Valencia – España l Presupuesto: indefinido l Diseño de Proyecto: 2014 l
Tipo: Diseño de hormigón l TERCER PREMIO.

“Será un simple asunto de dimensiones. Y busco una figura cubica todavía más pequeña. La cogió entre sus manos y se dijo a si mismo que ya la tenía dominada, pues le cabía toda ella dentro de una mano. Y continúo su juego.” Alberto Campo Baeza. Pensar con las manos.

La idea surge del entendimiento entre el aprendizaje y el desarrollo del niño, ya que a través de la observación y los sentidos, éste conoce el mundo que le rodea. Para un niño lo esencial es invisible a los ojos, por lo que intentamos desarrollar su pensamiento abstracto. El entendimiento de un objeto para un niño parte de los sentidos: tocar, oler, morder, deformar… La pieza propone abstraer el paisaje que nos rodea, ya que los niños, gracias a su inherente imaginación, transforman cualquier objeto de la vida cotidiana en un juego haciendo que algo que para nosotros pasa tan inadvertido como un árbol, pueda ser una fuente inagotable de satisfacción y divertimento, especialmente la escalada en ellos, ya que los niños tienden a trepar por cualquier superficie diagonal o vertical. La idea es diseñar un elemento que permita a los niños jugar y construir su propio árbol y, que éste a su vez, sea el soporte que permita crear un juego entre las ramas y huecos que se han generado. Para conseguirlo, desarrollamos una abstracción formal de una rama y redibujamos una única pieza, a partir de la cual, y con el simple mecanismo de adición, generamos diseños con infinitas posibilidades. Gracias al giro de la pieza, el plano se transforma en espacio debiendo adaptar sus sentidos a una nueva y sorprendente escala tridimensional. Los niveles de la pieza son relativos y la espacialidad se distingue de manera diferente de acuerdo con la posición que adopte el usuario. Los sentidos del niño, al percibir un paisaje amorfo, se ven atraídos. De esta manera intenta entenderlo, lo asocia, lo experimenta y lo asimila, por lo que un elemento que a priori se nos presentaba estático, se transforma, se dinamiza y cobra vida.

Dos escalas se tienen en cuenta a la hora de crear el mecanismo de la pieza. Una, la referente a la escala del niño, como actor principal, en la que se dirigen los esfuerzos no hacia el tamaño sino hacia la calidad y el cuidado del detalle. Pieza de cuidadas dimensiones que comporta una modificación radical de la percepción espacial. Con ella se persigue cierta idea de rigor y esencialidad, ya que no existe jerarquía, al tratarse de piezas únicas que se relaciona entre sí a través de las anteriores.
Por otro lado, la escala de la ciudad, que se completa y se compone a sí misma, que busca su propio hueco, que se acomoda a lo que es, que no necesita de añadidos, que es más siendo voluntariamente menos.

 

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